viernes, 9 de marzo de 2012

noche de reyes cap. 5




Escena V
Entran María y Feste, el bufón.
María.- O me dices dónde has estado o mis labios nos e abrirán para tu descargo. ¡No se me vaya a meter un pelo! Mi señora hará que te cuelguen por tu tardanza.
Feste.- ¡Sí, sí, que me cuelguen! Que no habré de temer ni a colores, cuellos o collares.
María.- Habla en cristiano.
Feste.- Pues que ya no temeré nada.
María.- ¡Menuda respuesta para Cuaresma! Muy bien sé yo de dónde sale eso de “colores, cuellos y collares”.
Feste.- ¿Sí? ¿De dónde, mi buenísima señora María?
María.- ¡De la guerra! Podéis explicarlo por ahí, pues sois necio.
Feste.-  Aumente Dios la sabiduría a los que mucha tienen y permita que los necios usen la que les queda.
María.- Te van a colgar por tardar tanto. O te pondrán en la calle que viene a ser lo mismo. ¿No crees?
Feste.-  La horca siempre puede librarte de un mal casamiento. En cuanto a la calle, el verano me ayudará a soportarla.
María.- ¿Os mantenéis firme, entonces?
Feste.- No del todo. Pero, en verdad, dos puntos hay por donde me mantengo.
María.- De ese modo, uno aguanta si el otro se rompe. ¡Y si los dos se rompen abajo van los calzones!
Feste.- Muy sutil, ciertamente, muy sutil...Anda, sigue tu camino...y si logras que Sir Toby deje la bebida serás el trozo de carne más sabroso que Eva parió en Illiria.
María.- Cállate de una vez bribón. Aquí  llega mi ama. Esmérate en tus excusas. Más te vale.   Sale.
Entran Olivia, Malvolio y criados.
Feste.- Oh ingenio, ayúdame a estar a la altura de un buen necio. Esos que creen poseerte con su talento no son sino estúpidos y yo que carezco de sesos pasaré por un sabio. Ya lo decía Quinapalo “mejor un tonto listo que un listo tonto”...Dios os bendiga, señora.
Olivia.- ¡Fuera! ¡Llevaos al bufón!
Feste.- ¿No habéis oído, compadres? Llevaos a la dama...
Olivia.-  ¡Basta! Bufón, te quedas seco y sin gracias. Estoy harta de ti; además te has vuelto poco honrado.
Feste.- Esos son defectos, madonna mía, que se arreglan con consejos y n buen trago. Dadle bebida a un seco bufón y ya no será un bufón seco. Decidle a un sinverguenza que se enmiende, y volverá, si se enmienda la vergüenza; y si no lo hiciera, mandadle al sastre a remendarlo: pues toda enmienda es un remiendo. La virtud violada no es sino remedo de pecado, y la enmienda del pecado no es sino de la virtud remedo. Si os sirve este silogismo, bien, y si no, ¡qué re...miendo!, pues le es más fiel al cornudo su desgracia que a la flor su belleza...Os ordenó la dama que os llevarais al bufón: lleváosla, pues, a ella.
Olivia.- Señor, fue a vos a quien ordené que se llevaran.
Feste.-  ¡Error fue ése del más alto grado! Señora mía: cucullus non facit monachum,que es lo mismo que decir que no llevo el hábito de bufón en el seso. Dadme licencia, mi madonna, y probaré que sois bufona.
Olivia.- ¿Y cómo vais a probarlo?
Feste.- Con toda destreza, madonna.
Olivia.- Venga la prueba.
Feste.- Os he de catequizar primero; contestadme, mi buen ratoncito virtuoso.
Olivia.- Me someteré a vuestra prueba pues no tengo distracciones.
Feste.- Buena  madonna, ¿por qué estáis tan afligida?
Olivia.- Buen bufón, porque mi hermano ha muerto.
Feste.- Sé que su alma fue al infierno, madonna.
Olivia.- Sé que su alma está en el Cielo, bufón.
Feste.- ¿Por qué os afligís entonces, madonna, si el alma de vuestro hermano voló al cielo? Llevaos al bufón, caballeros.
Olivia.- ¿Qué opináis de este bufón, Malvolio? ¿Creéis que tiene remiendo?
Malvolio.-  Sí, claro, cuando venga a sacudirle el estertor de la muerte. Y el mismo desvarío, que es ruina de los sanos, es esencia de los locos.
Feste.- Urge, pues, que os envíe Dios ese desvarío, señor, para que lleguéis a ser todo un necio. Aunque Sir Toby pudiera demostrar que yo no soy un zorro, no podría afirmar, ni por la cantidad de dos peniques, que vos no seáis tonto.
Olivia.- ¿Qué contestáis a eso, Malvolio?
Malvolio.- Me asombra que vuestra señoría encuentre complacencia en un bribón tan escurrido; no ha mucho vi cómo le vencía uno de esos bobos de taberna con piedras en el cerebro. Miradle, ¡qué desarmado está ya! Éstos, se quedan sin palabras si no se les sigue el juego ni se les ríen las gracias. En verdad pienso que las personas sensatas que se divierten con estos bufones sólo son bufones de sí mismos.
Olivia.-  ¡Cuán enfermo estáis de autosuficiencia Malvolio! ¡Y cuán destemplado de gusto y apetito! Quien de verdad es generoso, liberal, inocente y de naturaleza noble, no toma por bolas de cañón lo que no son sino flechas para cazar pájaros. Nada hay de ofensivo en un bufón descarado, aunque él se proponga ofender, ni ofensa en un discreto aunque lo repruebe todo.
Feste.- Que Mercurio te enseñe a mentir, pues que hablas bien de estos bufones.
Entra María.
María.- 
Señora, en la puerta hay un mancebo que insiste en hablar con vos.
Olivia.- ¿Viene de parte del conde Orsino?
María.- No sabría deciros, madam; sólo que es muy gallardo y con buena compañía.
Olivia.- ¿Quién de los míos lo está entreteniendo?
María.- Sir Tobby, mi señora...vuestro pariente.
Olivia.- ¿Sir Toby? Que no se me acerque. No dice más que tonterías ¡qué vergüenza! Id vos, os lo ruego, Malvolio...y si fuera un enviado del conde, decidle que estoy enferma o que he salido...o lo que sea, pero decidle que se vaya. Sale Malvolio. Ya habéis visto, señor mío, cuán anticuadas están vuestras bufonadas y qué poco complacen a mi gente.
Feste.-  Vos hablasteis, madonna mía, y no nosotros. ¡Como si vuestro hijo mayor fuera bufón! Que Júpiter le rellene el cráneo de sesos, pues ahí llega...  Entra Sir Toby   uno de vuestra familia con la piamáter bien débil...
Olivia.- ¡Y bien ebrio, por mi honor! ¿Quién es el que está a la puerta, primo?
Sir Toby.-  Un caballero...gentilhombre.
Olivia.- ¿Un gentilhombre? ¿Qué gentilhombre?
Sir Toby.- Pues uno gentil y hombre que está ahí... !Malditos sean los arenques en vinagre! (A Feste) ¿Eh, cómo estáis, compañero empinador...?
Feste.-  ¡Bien, muy bien, señor don Toby!
Olivia.-  ¿Cómo llegáis tan temprano, así de ebrio y acojinado?
Sir Toby.-  ¡Acojinado yo! Yo te desafío acojinamiento...Prima, hay alguien esperando.
Olivia.- Sí, ya lo sé, ¿quién es?
Sir Toby.- Por mí como si es el diablo...No me importa...Os lo digo, creedme...Bueno, ¿qué más da? Sale Sir Toby; tras él, María.
Olivia.- Oye, bufón, ¿a qué se parece un hombre borracho?
Feste.-  A lo que más se parece es a un ahogado y a un hundido, a un bufón y también a un tonto y a un loco; el primer trago de más lo atonta, el segundo lo enloquece y el tercero lo hunde y lo ahoga.
Olivia.-  Anda, vete a buscar al juez y que se ocupe de mi pariente, pues lo veo acocullado en tercer grado, o sea ahogado. ¡Ve! Ocúpate de él.
Feste.- Lo veo un poco loco solamente...; se ocupará así un bufón de un loco.  Sale.
Entra Malvolio.
Malvolio.-  Señora, este joven gentilhombre insiste en hablaros. Ya le he dicho que estáis indispuesta, y me responde que ya tenía conocimiento de ellos y que por eso quiere hablar con vos. Luego le dije que estabais durmiendo, y que también lo sabía me ha respondido, razón por la que también quiere veros; ¿qué puedo decirle yo? Parece fortificado contra las evasivas...
Olivia.- Decidle que no conseguirá hablar conmigo.
Malvolio.- ¿Y qué creéis que he hecho hasta ahora? Pero dice que se plantará como insignia a la puerta de un alguacil hasta convertirse en pata de banqueta, y consiga veros.
Olivia.-  ¿Qué especie de hombre es?
Malvolio.- De la humana especie, mi señora.
Olivia.- ¿Y cuáles sus maneras?
Malvolio.- Pues malas y amaneradas. Quiere hablar con vos tanto si queréis como si no.
Olivia.- ¿Qué aspecto tiene y cuántos años?
Malvolio.-  Para ser un hombre le faltan años, y, creo que le sobran para mancebo, parece como la vaina antes que le brote el guisante o la manzana que no está madura...Anda entre dos aguas, pues no es ni abril ni viril; en cuanto a sus formas, las tiene muy buenas, aunque es un insolente. Podría decirse que aún le queda en los labios algo de la leche...de su madre.
Olivia.- Decidle que entre y llamad a mi doncella.
Malvolio.- ¡Doncellaaaa! Os llama mi dama y señora.  Sale.
Entra María.
Olivia.- ¡Mi velo, ea! Cubridme la cara. Escucharemos otra vez la embajada de Orsino.
Entra Viola.
Viola.- ¿Quién es la honorable señora de la casa?
Olivia.- Habladme a mí, que he de responder por ella. ¿Qué queréis?
Viola.- ¡Oh, la más radiante y exquisita! ¡Oh, belleza incomparable!... Os lo ruego, sois vos la señora de esta casa? Decídmelo vos pues que no la he visto jamás...no quisiera echar a perder mi discurso, pues, a más de estar escrito con gran elocuencia, fue trabajoso aprenderlo. Oh, vosotras, llenas de hermosura, no me mortifiquéis con el desaire. ¡Temo tanto, tantísimo, la más leve indelicadeza!
Olivia.-  ¿De dónde venís, mi señor?
Viola.- Poco sé decir, sino lo que he estudiado, y esa pregunta no está en mi papel. Oh, mi muy gentil dama, decidme ¿sois vos la señora de esta casa...para que pueda comenzar mi parlamento?
Olivia.- ¿Sois acaso un comediante?
Viola.- No, mi muy profunda amiga. Juro, sin embargo, con malicia, con perfidia, que no soy lo que represento...¿sois vos la señora de esta casa?
Olivia.- Si no he de usurparme a mí misma, sí, lo soy.
Viola.-  Muy cierto, pues que a vos misma os usurpáis, ya que lo que os pertenece para goce de los demás no os pertenece para que os lo mantengáis oculto...Pero no vine a eso...Seguiré con mi parlamento en loor vuestro y os revelaré luego el secreto de mi visita.
Olivia.-  Ateneos a lo de importancia; os perdono la loa.
Viola.- ¡Tanto esfuerzo para estudiarlo...! ¡Y tan lleno como está de poesía!
Olivia.-  Más falso ha de sonar entonces. Prescindid de él, os lo suplico...Me dicen que os habéis mostrado insolente a la puerta de mi propia casa. Si os permití entrar fue más guiada por mi curiosidad que por escucharos...Idos ya si no estáis loco...O sed breve, si es que os queda juicio...No estoy de buena luna para un diálogo así de estúpido.
María.- Si queréis izar velas, señor, permitid que os señale el rumbo...
Viola.- No, mi grumete, me quedaré al pairo un rato más... Ayudadme a calmar a esa gigante señora vuestra, dulce doncella, ¿no queréis escucharme? Soy un mensajero...
Olivia.-  Seguro que el mensaje es harto horrible, cuando el preámbulo es tan retórico. ¿Cuál es vuestra embajada, ea?
Viola.-  Sólo interesa a vuestro oído...y no vengo ni a declarar la guerra ni en demanda de pleitesía. Traigo la rama de olivo y vengo en son de paz, y llenas de esa paz están todas mis palabras.
Olivia.- No fue muy cortés vuestro debut...¿Quién sois? ¿A qué habéis venido?
Viola.-  Fui, señora, tan cortés como lo fue vuestra bienvenida...En cuanto a quién soy y a lo que vengo son cosas tan íntimas como lo es la virginidad: cosas divinas para decir al oído, y muy profanas para que las sepan otros.
Olivia.- Dejadnos a solas.  Salen María y criados.   ¿Puedo escuchar ahora esas cosas tandivinas? Veamos, señor, recitadnos vuestro texto.
Viola.- Oh, mi dulcísima señora...
Olivia.-  Oh, texto reconfortante; oh, cuán sabia esa doctrina... ¿Pero, dónde está el argumento?
Viola.- En el corazón de Orsino.
Olivia.- ¡En su corazón! ¿Pero en qué capítulo?
Viola.- Metódicamente contestando, diré que en el primer capítulo de su pecho.
Olivia.- ¡Me lo conozco! Está lleno de herejías. ¿Tenéis algo más que añadir a esto?
Viola.-  Bondadosísima señora, ¿dejáis que vea vuestro rostro?
Olivia.- ¿Traéis embajada de vuestro amo para negociar con mis rostro? Creo que os estáis excediendo en el papel; pero, sí, descorramos el telón para que podáis ver la escena. Fijaos bien señor, ¿algún cambio en la representación del cuadro? ¿Alguna imperfección?
Viola.-  Admirablemente hecho está. ¡Como hecho por el mismo Dios!
Olivia.-  Hecho para resistir al tiempo...contra vientos y mareas.
Viola.- Oh, belleza bien labrada con rosas y jazmines puestos por la dulce y experta mano de la naturaleza, cruel sois, señora, la más cruel de cuantas viven, si lleváis con vos vuestra belleza ante la tumba, si no dejáis una fiel réplica para que goce el mundo.
Olivia.- No, señor, no es mi corazón tan duro, pues he de dejar al mundo documentos de mi belleza y constará en testamento, y cada parte, cada detalle, llevará un rótulo. Así por ejemplo, lote primero: dos labios razonablemente rojos; segundo: dos ojos grises con sus correspondientes párpados; un cuello, un mentón, etc...¿os han enviado aquí para realizar la tasación?
Viola.- Ahora lo veo. Sois de natural orgullosa. Pero, fuerais el mismo diablo, y seríais bella. Mi amo y señor os ama. Un amor así debería encontrar recompensa, aunque estuvierais coronada la más bella en el universo.
Olivia.- ¿Cómo es su amor?
Viola.- A vos se consagra con lágrimas copiosas, truena como rayo enamorado...y en suspiros se abrasa.
Olivia.- Mucho me conoce vuestro amo. Aunque no pueda amarle, sé que es virtuoso, sé que es de corazón noble, sé que es hombre de rango, joven, puro y sin mancha, de reputación grande, culto, generoso, gallardo, y muy apuesto, y proporcionado en sus formas. Sé que es hombre cabal, pero no puedo amarle, y también que desde antiguo conoce mi respuesta.
Viola.-  Fuera yo mi señor, y os amara con su mismo fuego, fuera tan grande mi sufrimiento, tan mortal fuera la vida, y no entendiera yo vuestro desdén, no lo comprendería.
Olivia.- ¿Y qué haríais?
Viola.-  Haría con sauces un cobijo a vuestra puerta y clamaría hasta que mi alma penetrara en vuestra casa. Escribiría serenatas de amor desdeñado y las cantaría en medio de la noche oscura. Vuestro nombre buscaría en el eco de los montes hasta que el viento, balbuceante, charlatán, dijera más y más fuerte: “!Oliviaaa!” y no tendríais reposo, os lo aseguro, atrapada entre tierra y viento, hasta que de mí os compadecierais.
Olivia.- ¿Eso haríais vos? ¿Cuál es vuestra ascendencia?
Viola.- Es más alta que mi fortuna, aunque es alto el rango que poseo. Soy un gentilhombre.
Olivia.-  Id hasta vuestro amo. No puedo amarle. Ya no quiero embajadas, a menos que fuerais vos quien las trajera para decirme cuál sea su reacción. Id con Dios. Os doy las gracias por vuestro afán. Aceptad esto.
Viola.- No soy un mercenario. Guardad vuestro dinero; mi amo, no yo, merece recompensas, ¡convierta en piedra Amor el corazón de quien améis! Encuentre vuestra pasión sólo el menosprecio que usasteis con mi dueño. Adiós, belleza cruel. Sale.
Olivia.-  “¿Cuál es vuestra ascendencia?” “Más alta que mi fortuna, aunque es alto el rango que poseo: soy gentilhombre.” ¡Y tanto! Tu lengua, rostro y cada parte de tu cuerpo, tu aspecto todo, quintuplican tus blasones. Pero calma, ¿y si fuera el amo este criado? ¿Y bien? ¿Así de rápido me penetra este contagio? Siento cómo sus perfecciones de mancebo se introducen, sutiles e invisibles, deslizándose en mis ojos. ¿Y bien? ¡Sea! ¿Qué hay Malvolio? Entra Malvolio.
Malvolio.-  Aquí, señora, a vuestro servicio...
Olivia.- Corred tras ese insolente mensajero, el criado del conde: olvidó este anillo a pesar de mi rechazo. Decidle que no lo quiero. Decidle también que no dé esperanza a su amo con lisonjas inútiles, pues no he de ser suya, y si el mancebo volviera, acaso mañana, sabré darle mis razones. Apresuraos, Malvolio.
Malvolio.-  Me apresuro, señora.  Sale.
Olivia.-  Sé lo que hago, y no lo sé. >Mucho temo que mis ojos hayan topado con excesivo halago para mi mente. ¡Muestra tu poder, Destino! ¡Pues no somos dueños del deseo, sea todo como tú has decretado! ¡Sea!  Sale.

noche de reyes cap. 4


Escena IV
Entran Valentín y Viola, ésta con ropas de hombre.
Valentín.- Si el duque continúa favoreciéndonos de ese modo, querido Cesario, no va a faltaros un irresistible ascenso: sólo os conoce tres días y ya no le sois extraño.
Viola.- ¿Tanto teméis su carácter y mi negligencia que ponéis en duda la continuidad de su afecto? ¿Es el duque inconstante en sus favores?
Valentín.- No, en verdad.
Entran Orsino, Curio y criados.

Viola.- Os lo agradezco. Ahí llega el duque.
Orsino.-  ¿No lo ha visto nadie a Cesario?
Viola.- Aquí estoy, señor, siempre a vuestro servicio.
Orsino.- (A Curio y criados) Retiraos un momento. (A Viola) Cesario, ya sabéis todo sobre mí. Os he abierto el libro donde escondo los secretos de mi corazón. Id pues, buen mancebo, id hasta ella; no permitáis que os rechace; quedaos en su puerta, y dejad bien claro que no habéis de moveros hasta ser recibido.
Viola.-  Así lo haré, noble señor, mas si es cierto que está tan sumida en el llanto como dicen, no habrá de consentir en verme.
Orsino.- Haceos oír más allá del límite de la cortesía, pero no volváis sin obtener provecho.
Viola.- Supongamos que puedo verla, ¿qué he de decir?
Orsino.- Descúbrele entonces toda la pasión que hay en mí; sedúcela hablando de mi fe sincera; tú sabrás, con tus encantos, transmitir mi dolor; la elocuencia de tu juventud ha de ser acogida mejor que la de un enviado con aspecto más grave.
Viola.- No lo creo, mi señor.
Orsino.- Creedlo, mi querido mancebo. Pues decir que eres hombre, con esos tus deliciosos años, fuera del todo incierto. Más suaves que los de Diana son tus labios y de un color más encendido. El fino timbre que posees es aflautado y sonoro como el deuna virgen. Harías muy bien de mujer. Te destinaron los astros para esta empresa, lo sé...Que alguno de vosotros le acompañe...o mejor, id todos con él, pues yo mismo prefiero estar a solas que en compañía. Si logras tu propósito serás tan libre como lo es tu amo; unido quedarás a su propio destino.
Viola.-  Yo trataré de complaceros. Cortejaré a la dama.(Aparte) ¡Ardua empresa! ¡Galantear en su nombre cuando lo quiero por marido! Salen.



noche de reyes cap. 3


Escena III
Entran Sir Toby Belch y María.
Sir Toby.-  Por todos los demonios, ¿qué se propone mi sobrina tomando de esa forma la muerte de su hermano? ¡Enemiga de la vida es la tristeza!
María.- Por mi fe; Sir Toby, que no deberíais venir tan de noche. Mi señora, vuestra sobrina, objeta mucho a esas visitas vuestras tan extemporáneas.
Sir Toby.-  Mejor que ella objete antes de que la objeten a ella.
María.-  Pero vos debéis confinaros dentro de los lindes de lo prudente.
Sir Toby.-  ¿Lindes? ¡El colmo soy de la lindeza! Ved mis ropas; se puede beber en ellas y en mis botas también. ¡Queden colgadas de sus cordones si no es cierto!
María.-  Tanto beber y empinar el codo os perderá; ayer lo comentaba mi señora. También habló de aquel bendito que os trajisteis una noche...aquel que quería hacer de “cortejante”.
Sir Toby.-  ¿Quién? ¿Sir Andrew Aguecheek?
María.-  Sí, ese mismo.
Sir Toby.-  No hay hombre de su talla en toda Illiria.
María.-  ¿Y a qué viene eso?
Sir Toby.- A que tiene tres mil ducados al año.
María.-  ¡Sí! Y sólo un año para tantos ducados; no es sino un tonto y un gran manirroto.
Sir Toby.-  ¡Qué estás diciendo! Pero si toca la viola di gamba, y habla, palabra por palabra, hasta tres o más idiomas. ¡Y sin mirar un libro! Es un superdotado de la naturaleza.
María.-  Todo en él es natural, y es también un natural idiota, y un camorrista natural. Si no fuera por lo naturalmente cobarde que es en su gusto por las peleas, pronto, muy pronto estaría naturalmente en la tumba.
Sir Toby.-  Por esta mano digo que son ruines y unos canallas los que así hablan de él. ¿Quiénes son?
María.-  Los mismos que dicen que la empináis por las noches en franca compañía.
Sir Toby.-  Siempre brindando por mi sobrina. He de beber por ella mientras cuele por mi gaznate y quede vino en Illiria. Que es un cobarde y un meapilas quien no beba todo por mi sobrina hasta que todo –de pies a cabeza- le dé vueltas como trompo de parroquia. ¡Vamos, zagala! ¡Estilo castellano! Que viene Sir Andrew Malafaz.
Entra Sir Andrew Aguecheek.
Sir Andrew.-  Sir Toby Belch. ¡Santo Dios! ¡Sir Toby Belch!
Sir Toby.- ¡Sir Andrew Malafaz! ¡Oh, mi dulce Sir Andrew!
Sir Andrew.-  Dios os guarde, mi señora viborilla.
María.- Ya vos, y a vos, señor mío.
Sir Toby.- Cortesía, señor Andrew, cortesía...
Sir Andrew.-¿Quién es?
Sir Toby.-  La doncella de mi sobrina.
Sir Andrew.-  Mi señora cortesía, desearía conoceros mejor.
María.-  Me llamo María, mi señor.
Sir Andrew.-  ¡Mi buena señora María Cortesía!
Sir Toby.-  (Aparte) Frío, frío, mi caballero. Para una cortesía buena hay que entrar de frente, abordar, galantear, asaltar...
Sir Andrew.-  (Aparte) A fe mía que no quisiera emprenderla con ella con semejante compañía; cortesía, cortesía... ¿qué cosa será eso de “cortesía”?
María.-  Quedad con Dios, caballeros.
Sir Toby.-  (Aparte) Sí, dejadla ir, sí, dejadla y no volveréis a desenvainarla.
Sir Andrew.-  Si así nos dejáis señora ¿cómo podré desenvainar de nuevo? ¿Qué creéis tener entre las manos? ¿A unos necios?
María.-  ¿Quién dice que os tengo por la mano?
Sir Andrew.-  Pero me tendréis, me tendréis. Ahí va, ¡cogedla!
María.- Libre es el pensamiento, mi señor. Os lo ruego, meted la mano en la mantequera a ver si se humedece.
Sir Andrew.-  ¿Y por qué, dulce amor mío? ¿Qué es esa metáfora vuestra?
María.-  Cosa seca es, mi señor.
Sir Andrew.- Me lo suponía...muy necio no soy como para conservar seca la mano. No entiendo la broma.
María.-  Es que está seca la broma, señor.
Sir Andrew.- ¿Y tenéis muchas de esa especie?
María.-  Oh sí, mi señor...en la punta de mis dedos. ¡Eh...vuestra mano! Que se me está escapando y me quedo vacía. Sale
Sir Toby.- ¡Pero señor mío! Creo que necesitáis un buen trago de canario. Jamás os vi antes tan abatido.
Sir Andrew.-  ¡Nunca! Es cierto. A menos que ma hayáis visto abatido por el canario... ¿sabéis lo que pienso? Tengo menos juicio que un cristiano, menos que cualquier quidam. Demasiada carne de buey he comido, y eso daña mi inteligencia.
Sir Toby.- ¡Cierto!
Sir Andrew.- Si fuera tan cierto no comería...bien, mañana cojo el caballo y, ¡a casa!
Sir Toby.- ¿Y pourquoi, mi buen caballero?
Sir Andrew.-  ¿Qué cosa significa pourquoi? ¿Que sí o que no? Tenía que haber dedicado más tiempo a las lenguas extranjeras y no a la esgrima, la danza o la pelea de osos. ¡Me habróa gustado tanto dedicarme a las artes!
Sir Toby.-  Luciríais entonces una hermosa cabellera.
Sir Andrew.-  ¿De qué manera habría afectado a mi pelo?
Sir Toby.-  ¡Totalmente! ¿O creéis que el pelo se riza por las buenas?
Sir Andrew.-  Pero el mío lo tengo ya muy bien, ¿no?
Sir Toby.- ¡Maravilloso! Cuelga como hilo en la rueca. Ya me imaginoa  una comadre cardándotelo entre sus piernas.
Sir Andrew.- A fe mía, que mañana me vuelvo a casa, Sir Toby...ni siquiera puedo ver a vuestra sobrina y, si la viera, cuatro contra uno a que no me acepta. El propio conde vive a tres pasos y es quien la corteja.
Sir Toby.-  Nada quiere saber de él. No quiere nada que la supere en rango, dinero, edad o talento. ¡Yo mismo la vi jurarlo!...!No desesperes hombre!
Sir Andrew.-  Me quedaré...un mes todavía. Soy el tipo más raro del mundo...y disfruto, sí señor, en mascaradas y otras fiestas.
Sir Toby.- ¿De verdad sois experto en esas bagatelas?
Sir Andrew.- Tanto como el que más en Illiria, trátese de quien se trate, excepción hecha, claro está, de los realmente buenos...desde luego nadie podría decir que esté a la altura de un viejo.
Sir Toby.-  Decidme, mi caballero, ¿y cómo os bailáis la gallarda?
Sir Andrew.-  Muy bien...hasta hago difíciles cabriolas.
Sir Toby.- Y yo hago lo propio con las corderas.
Sir Andrew.- Y yo piruetas por detrás, y con el brío del más fuerte de Illiria.
Sir Toby.- ¿Y qué hace tanta destreza escondida? ¿Cómo tanta virtudse esconde tras las cortinas? ¿Temes que les dé el polvo como al retrato de la señora Mall? Anda y métete en la iglesia bailando una gallarda, y vuélvete corriendo al son de un ritmo rápido. En cuanto a mí, yo me bailo una jiga y me meo una pila a cinco pasos de distancia. ¿Qué, os parece bien? No es este un mundo para esconder virtudes. Siempre pensé viendo la muy excelente constitución de tu pierna que está hecha bajo la estrella de una gallarda.
Sir Andrew.- Cierto que la tengo fuerte y no tiene mal aspecto enfundada en caperuza de color de llama. ¿Qué? ¿Vamos a divertirnos?
Sir Toby.-  ¿Y qué otra cosa vamos a hacer? ¿No hemos nacido bajo el signo de Tauro?
Sir Andrew.- ¿Tauro? El que influye en corazón y costados...
Sir Toby.- No, no...en las piernas y en los muslos. Venga, tu cabriola. Ja, ja. ¡Muy bien, muy bien!  Salen.

noche de reyes cap. 2


Escena II

Entran Viola, un capitán y marineros.
Viola.-  ¿Qué país es éste, amigos?
Capitán.-  Illiria, mi señora.
Viola.-  ¿Y qué haré yo en Illiria si mi hermano está en Eliseo? ¡Ojalá no se haya ahogado! ¿Qué decís, marineros?
Capitán.-  ¡Vos misma os salvasteis de milagro!
Viola.-  ¡Pobre hermano mío!... ¿Y si se hubiera salvado también?...
Capitán.-  Cierto, mi señora, si os sirve de consuelo sabed que, a poco de partirse en dos vuestro navío, cuando vos y los otros pocos que se salvaron os aferrabais a nuestro esquife a la deriva, vi a vuestro hermano que, consciente del peligro, se amarraba –esperanza y coraje por consejeros- a un grueso mástil que sobresalía de las aguas; parecía Arión a lomos de un delfín...De tal suerte luchaba en contra de las olas, mientras le tuve al alcance de mis ojos.
Viola.-  Aceptad estas monedas de oro; gracias por hablarme así; espero que mi suerte sea también la suya; pongo mi fe en lo que dices acerca de su suerte. ¿Conocéis vos este país?
Capitán.-  Sí, señora, ya que nací y crecí a menos de tres horas de este mismo lugar.

Viola.-  ¿Sabéis quién gobierna aquí?
Capitán.-  Un duque tan noble de carácter como de rango.
Viola.-  ¿Cuál es su nombre?
Capitán.- Orsino.
Viola.-  Orsino... He oído ese nombre en boca de mi padre. Era soltero si no recuerdo mal.
Capitán.-  Y sigue siéndolo o lo era hasta hace poco. Tan sólo hace un mes salí de aquí y se decía entonces con insistencia –ya sabéis cómo el pueblo suele murmurar de los que son nobles- que estaba enamorado de la bella Olivia.
Viola.-  ¿Y quién es ella?
Capitán.-  Una mujer virtuosa, hija de un conde. Él murió hace ahora un año, dejándola al cuidado de un hijo –quiero decir un hermano de ella- que también murió no hace mucho. Dicen que por su amor ha abjurado del trato con los hombres o de su mera compañía.
Viola.- Si pudiera entrar al servicio de esa dama sin que nadie en este mundo lo supiera...esperaría así la ocasión propicia para revelar mi rango.
Capitán.-  Será harto difícil ya que no quiere saber de nadie, ni siquiera del duque.
Viola.- Me parecéis un hombre honesto, capitán, y aunque a veces la naturaleza rodea de hermosura lo que es vicioso, creo sin embargo que en vos la mente está en todo acorde con la amable apariencia de vuestro cuerpo. Os ruego –y he de agradecéroslo en abundancia- que no reveléis mi identidad y que me ayudéis a ocultarme bajo la forma que mejor me convenga para mis planes. Entraré al servicio del duque. Vos seréis quien me presente: diréis que soy un eunuco; y puedo conversar con él de música, de suerte que me juzgue digna de su servicio. Sólo el tiempo dirá qué puede resultar de todo esto. En cuanto a vos, ajustad vuestro silencio a mi ingenio.
Capitán.-  Haced vos de eunuco, que yo haré de mudo. ¡Quédeme yo ciego si mi lengua osara hablar!
Viola.-  Os lo agradezco, guiadme.   Salen

noche de reyes cap. 1


Acto I

Escena I

Música, entra Orsino, Duque de Illiria, Curio, y otros caballeros.
Orsino.-  Si la música, como dicen, es alimento de amor, tocad, siempre, tocad hasta saciarme. Así el deseo languidecerá ya caso muera. ¡Oh, esa melodía...de nuevo...qué lenta se desvanece...! Oh, inundó mi oído cual viento dulcísimo que suspira sobre un lecho de violetas dándole un perfume para luego quitárselo. ¡No, no más! ¡Que está perdiendo su dulzura! Qué lozano, qué ágil eres, oh espíritu del amor, eres inmenso como el océano; así también tu avidez –no importa lo que engulla, ni su precio ni su valor- hace que todo  quede disminuido, y degradado...!Y en un instante! Caprichosas son las formas del deseo, tanto, que se diría que nada existe tan fantástico.
Curio.-  ¿Queréis ir de caza, mi señor?
Orsino.-  ¿Cómo decís?
Curio.-  A cazar ciervos, mi señor.
Orsino.-  Sí, así es, a cazar el ciervo de corazón más noble. El día que mis ojos vieron a Olivia por primera vez supe que el aire ya no era impuro y yo mismo en ciervo me convertí; desde entonces, sabuesos, despiadados, crueles, mis deseos no dejan de acosarme. (Entra Valentín) ¿Traéis noticias suyas?
Valentín.-  Perdonad, mi señor, no quiso recibirme. Pero aquí tengo un mensaje para vos de su doncella. Tendrán que pasar siete años para que los cielos puedan llegar a ver su rostro a la luz del sol, pues cual novicia de clausura irá cubierta con un velo y, a diario, rociará su aposento con lágrimas de amargura; y todo por alimentar  el alma de su hermano muerto, amor que ella desea guardar para siempre en su triste memoria.
Orsino.-  Si una mujer posee un corazón tan delicado de moldura, y sólo por rendir su tributo a un hermano,  ¿cómo será su amor, cuando el rico dardo de oro logre matar a todos los demás afectos que la habitan; cuando todas sus vísceras, su corazón y su cerebro esos tronos soberanos, hayan sido poseídos –sus perfecciones divinas también- por sólo un rey? Conducidme adonde las dulces flores crecen que sólo bajo doseles de murta descansa el amor.  Salen

noche de reyes introduccion

Noche de Reyes
ó
Como queráis
de
William Shakespeare



Dramatis Personae (dramatisacion de los personajes)

Orsino, Duque de Illiria.
Valentín, caballero de la orden de Orsino.
Curio , caballero de la orden de Orsino.
Primer Oficial.
Segundo Oficial.
Viola, que después aparecerá disfrazada como Cesario.
Sebastián, su hermano gemelo.
Capitán, de un barco naufragado.
Antonio, otro capitán de barco.
Olivia, condesa.
María, su dama de compañía.
Sir Toby Belch, su tío.
Sir Andrew Aguecheek, protegido de Sir Toby.
Malvolio, mayordomo de Olivia.
Fabián, miembro de la sevidumbre.
Feste, bufón.
Un Clérigo.
Un Criado.
Músicos, caballeros, marineros y sirvientes.